El sabado sali de mi casa a las 8:20 aproximadamente... enganche
justito el Colectivo -> Tren, por lo que llegue a las 9:45 al
club, fui al vestuario, me cambie, me heche un garquito, saque
el bote y estibe...
a las 10:15 llegaron Esteban y Adrian, se preparaban mientras yo
tomaba sol en la rampa... Salimos a las 11:20 aprox, ruta:
Carapachay->gelves->banco. En el gelves paramos a tomar unos
mates en el muelle roto donde paramos una vez (te acordas?) Uno
mates un fueguito para calentarnos... pasaron dos kayakistas y
uno le pregunto a adrian por la pala que tenia.
Luego de terminar los amargos y unas talitas truchas que habia
comprado el pulpo (y que no tenian nada que envidiar a las de la
tia marucha) partimos, pasamos a los dos kayakistas que ivan
bastante lentos.
Llegamos al quincho y habia dos Remeras ocupandolo, pedimos
permiso para bajar y se coparon, aunque se fueron en un ratito
(se habran asustado del pervertido de adrian?). Encendimos un
fueguito, calentamos agua para el mate, y nos comimos unos
seguchan y unas Lays.
Al rato llegaron los dos kayakistas rezagados (uno bastante
deteriorado)... bajaron, mearon, se idrataron y se fueron. Nos
quedamos un rato mas, salio el sol, dorimitamos, tiramos ramitas
al fuego y a las 4:30 aprox pegamos la vuelta.
Sin novedad hasta que llegamos al toro donde vimos a los dos
kayakistas que aparentemente estaban en el parador... se hizo
tarde (mucha corriente en contra) le dimos duro, oscurecio y
llegamos tarde.
(nota: en el espera me colge atras de una chata y robe algunos
minutos).
En el club desembarcamos, los galpones ya habian cerrado (salvo
el de dorita que me habia dejado el candado abierto). Los chicos
safaron porque resulta que unos de los dos kayakistas habia
quebrado y abandono en el toro. El otro se trajo el kayak a
remolque pero aviso que llegaba tarde. En fin, guardamos todo,
nos duchamos, nos cambiamos y fuimos a la draga.
Vino el Guillo, charlamos, nos tomamos un cafe con leche,
medialunas, tostados, y lugo tasa tasa cada uno a su casa...
martes, 9 de junio de 2009
Al Parana
jueves, 2 de octubre de 2008
Primavera en el Paraná
(por Lucas Sosa)
Mediodía, el sol resplandeciente de un sábado primaveral brilla en las aguas del rio Lujan. Retiro mi kayak del galpón, lo subo a la zorra y lo llevo hacia la rampa. La agradable temperatura invita a remar bien liviano de ropa, mejor diría, con el torso al aire. Me pongo el cubre, el chaleco y ya toy listo para remar. Deslizo el bote hacia el agua, dejo pasar una ola y me embarco para comenzar a disfrutar. En unos segundos cruzo el movido Lujan e ingreso al canal Gambado, portal de ese mundo fantástico llamado Delta.
Avanzo con ganas, por mi lado derecho paso los veleros amarrados y por mi izquierda el astillero del Sailing Club, donde observo las viejas embarcaciones que esperan su reparación.
La historia se repite como todos los findes y me cruzo con los botes de club, los kayakistas conocidos, las lanchas taxis y las mismas casitas de siempre.
Salgo al Sarmiento el cual se encuentra bajando debido al viento norte que esta soplando. Los catamaranes y las colectivas navegan por el, algunos paseando turistas y otras repartiendo a sus pasajeros por los muelles de las islas. Llego a Cabo Blanco, parada obligada para almorzar. Botes y kayaks ya ocupan su amplia playa. Que lindo panorama, familias y amigos compartiendo una tarde de puro sol, unos durmiendo y otros jugando al vóley.
Luego de comer un exquisito sándwich de pollo, de tomar sol, de charlar con un colega kayakista y de unas excelentes surfeadas de lanchas colectivas, me apronto para poner rumbo hacia el Paraná. Allí, en el parador Los Pinos, me encontraría con mi querido amigo Guiyo y un divertidisimo grupo de remeros de bote del Club La Marina y Hacoaj.
A las cuatro de la tarde abandono Cabo y comienzo a remar nuevamente. Hago un par de kms por el Sarmiento, donde saludo a Adriana y Sandra que venían remando, hasta que tomo por el arroyo Espera, camino elegido para salir al Paraná. Voy tranquilo, paleando pausadamente, y el sol me pega en el rostro de manera formidable. A medida que me adentro por este pintoresco arroyo el bullicio se va silenciando. El paisaje va cambiando, se torna más agradable y colorido. Curvas y contra curvas me muestran todo tipo de colores, amarillos, blancos, violetas, verdes, y los que mas me llama la atención es el rosa vivo de las azaleas que crecen por doquier.
Casitas de fin de semana se mezclan con ranchitos de isleños, algunas grandes, otras chiquitas. Algunas viejas y abandonadas y otras nuevas como recién pintadas en un cuadro. Opto por las sencillas. Algunas lanchas pasan por mi lado interrumpiendo la quietud del agua. Cada dos por tres decido parar, solo para escuchar el sonido de las aves que con su canto endulzan el oído.
El aire trae consigo ráfagas de perfume, respiro hondo y lleno mis pulmones de aire puro. Sin dudas que la primavera es la mejor estación para remar. El largo Espera se transforma en el Cruz Colorada donde los verdes sauces se reflejan en las espejadas aguas. El sol se va escondiendo y apuro el paso para verlo caer.
Llego a la última curva y de pronto se abre un paisaje majestuoso. Estoy en el Paraná y exploto de felicidad. Me quedo unos instantes para ver su grandeza y empiezo a cruzar. Lo hago en el mejor momento, justo cuando el sol se esta poniendo. Vuelvo la cabeza varias veces hacia atrás, para observar como el anaranjado y redondo sol se esconde lentamente sobre el horizonte.
Me vuelvo a concentrar en el cruce, lo hago con tranquilidad y apunto hacia el recreo que ya lo tengo en vista.
El rio esta manso me transmite paz. Hay un leve viento y alguna que otra ola mece la embarcación. La corriente me va llevando a mi destino, comienzo a divisar gente, era el grupo que se movía por el lugar, entre ellos Guiyo que ya me había divisado. Le grito de lejos y recibo su respuesta. Luego de tres horas de remo en solitario, toco tierra.
Guiyo me recibe con alegría, me bajo y empiezo a saludar a uno por uno. Ellos eran Ana, Stella, Laura, Jimena, May, Florencia, Adrian, Javier, Daniel todos pertenecientes a la Marina y Ernesto (BUZO) del Hacoaj, ha!! como me puedo olvidar de los amigos caninos Simba y Braulio.
La última claridad dio paso al anochecer, el Paraná se fue calmando y solo escuchábamos el leve sonido de las olitas que pegaban en la orilla. Enormes y silenciosos buques remontaban sus aguas, no parábamos de asombrarnos cada vez que pasaba uno. Aparecieron las primeras estrellas y también las luciérnagas que por momentos nos confundían pensando que eran estrellas fugaces.
Juntamos las mesas y se armo la previa del asado, se cortaron unos salamines, panes, quesos y se destaparon unas cervezas heladas, entre charla y anécdotas levantamos las copas y brindamos por el buen momento que estábamos pasando. Algunos empezaron a abrigarse por que ya comenzaba a refrescar, otros enfilaron hacia las duchas, los que se encargaban de cocinar encendieron el fuego, algunos se tiraron en la playita y otros conversaron sin parar. Simba y Braulio jugaban al trencito loco con los perros del lugar.
Al fin llego la hora de cenar, el asado ya estaba listo. Se repartieron chorizos, morcillas, vacios estaba espectacular. Un aplauso para el asador. Obviamente que no faltaron los tintos que sumados a un whisky Chivas Regal no tardaron mucho en hacer efecto sobre algunos comensales. Más de un bocado fue robado por los simpáticos Simba y Braulio que después de tanta actividad se les habría abierto el apetito.
El postre un exquisito y explosivo Habanett echo por Jime. Luego toco el turno del rincón literario donde Laura, Daniel y Adrian, habano en mano, nos narraron un par de historias. Mmm que fiaca, que sueño, no doy mas se empezó a escuchar, hasta que uno canto la hora. Eran la una de la mañana, hora de ir a descansar. Nos fuimos dirigiendo a las habitaciones, las cuales cuentan con baño privado y cómodas camas. Se durmió muy bien, placenteramente y bajo el sonido de las gotas de lluvia que mas tarde empezaron a caer.
El cantar de los gallos anuncia la primera claridad y comienza a amanecer en el Paraná. Da mucha pero mucha fiaca abandonar la cama, el día parece estar nublado, me asomo por la ventana y el cielo de un gris plomizo me confirma que es así.
Comparto el desayuno acompañado por Florencia y Ernesto, charlando de diversos temas. Carmencita, dueña del lugar, nos deleita con café con leche y con tostadas con manteca, dulce de leche y mermelada. Desayunamos como duques. Nos dirigimos hacia fuera donde algunos remeros ya se encontraban mateando. Como moscas fue cayendo el resto y se fue formando una linda ronda de mates, donde no faltaron las caras de recién despiertos. Con suma calma y bajo un cielo cada vez mas encapotado, nos fuimos preparando para partir, cada uno fue acomodando sus pertenencias y sus botes hasta que ya estuvimos listos.
Los pares fueron Guiyo (el cual estaba remando y se encontraba mas feliz que nunca), con Daniel, Jime y Simba. Adrian, Florencia y Laura, Ana con Stella y Braulio, Ernesto con su anaico y yo arriba de mi querido Franki. Bajo una leve lluvia, comenzamos a descender por el rio Paraná, soplaba viento del sur haciendo que la temperatura este un poco fresca.
Reme junto a Ernesto, contándole de las aventuras vividas en una travesía que había realizado meses atrás. Junto a nosotros venían nuestros colegas con sus botes, tomando mates y sacando fotografías. Sin darnos cuenta y navegando con la suave corriente del Paraná, ingresamos al rio Capitán. Por la derecha observamos la enorme barcaza encallada, donde aledaña a ella se encuentra un lindo terrenito para acampar.
Ibamos a buen ritmo, el rio se encontraba planchado, solo era interrumpido por las gotas de lluvia y por nuestro andar. Justo cuando paramos a almorzar se largo un aguacero. Lo hicimos sobre un almacén y allí se pico las sobras del asado, se pidieron unas hamburguesas, empanadas, un epa de postre y hasta un te.
Después de casi dos horas de parada continuamos viaje, seguía lloviendo pero con menos intensidad. Pasamos Pehuén, El toro, hasta que abandonamos el Capitán para ingresar al Rama Negra. Unos minutos por este hasta que doblamos en una cerrada curva, para tomar el Gaviotas.
Que hermoso arroyo, creo que unos de los mas bellos del delta. La frondosidad, la quietud, la humedad y el goteo de los arboles, no paraban de asombrar a un par de remeros que pasaban por él por primera vez.
El angosto arroyo nos saco al Espera, continuaba lloviendo pero era un placer remar así. Turno del rio Sarmiento, alguna que otra corrida de lancha, doblamos en el Gambado, nos faltan pocos metros para ser devueltos a la realidad, remo con lentitud, no quiero llegar, la lluvia crece, el agua me pega en la cara con frescura.
Aparece el Lujan, la costanera, los edificios, el grupo se despide, cada uno a su club y bajo un manto de divina lluvia este inolvidable viaje llega su fin.
martes, 3 de junio de 2008
Almuerzo en el Anguilas
anguilas. La temperatura rondaba por los 0 grados a la mañana,
pero hacia el mediodia el día se torno tan agradable que nos
sacamos las camisetas.
Al entrar en la boca del Rio Angulas, por el Canal Vinculacion,
lamentamos en silencio el creciente desmonte que se esta
efectuando en este particular arroyo. El mismo habia sido uno
de los mas agrestes de la primera seccion del delta, lo cual es
sorprendente por su cercania.
Encontramos un buen lugar para bajar, protegidos del viento y
del solcito. Alli almorzamos sanguchitos, patys y ensaye una
receta a base de arvejas que cocine en la marmita y con el
calentador de alcohol. A eso de las 16:00 hs, cuando el sol
empezo a bajar, y la temperatura a descender partimos hacia
cabo blanco; donde tomamos mate y frio. Tambien comimos una
rica torta hecha por la mama de Lucas. A las 6 regresamos con
las manos entumecidas al hispano.
Veranito de otoño en el Paraná
jueves, 3 de abril de 2008
Solitario desde Martín García
El viaje comenzó el sábado 29 a las ocho de la mañana en la Estación Fluvial Internacional de Cacciola, donde junto a los turistas espere media horita para embarcarme en el catamarán Fragata Hércules. Ese catamarán que tantas veces había visto amarrado en la isla ahora me llevaría hacia ella. Dentro de la embarcación el ambiente era muy agradable, la gente ingresaba y se acomodaba a donde mas le gustaba, sacaban fotografías y tomaban mate. El exquisito aroma a café inundaba el amplio salón dando un toque especial a la cálida mañana otoñal. A las nueve en punto se sueltan las amarras y la gente muy contenta se puso a aplaudir.
El catamarán comenzo a surcar las aguas del Lujan y la guía turística relato sobre la historia del tigre y el delta. Entramos al canal Vinculación, en ese momento estoy adentro, compartiendo la mesa con un grupo de navegantes a vela. Al lado nuestro sobre otra mesa una computadora me dejaba observar hermosas fotos de la reserva natural de Martin García. Hablo con un biólogo y le pregunto sobre las fotografías, me cuenta que pertenecen a la futura pagina web de la reserva.
Instantes antes de llegar al Paraná de las Palmas subo a cubierta para disfrutar de todo su esplendor, la vista desde arriba me mostro un paisaje majestuoso. Me quedo un rato arriba donde el viento soplaba libremente y el tibio sol me relajaba el rostro. Vuelvo a ingresar al salón donde me senté cómodamente y dormí casi una hora. La voz de la guía que sonó por el parlante informando que estábamos muy prontos a llegar me despertó de mi corta siesta. Cuarenta minutos después exactamente al mediodía amarrábamos en la Isla Martin García.
Mi estadía en la isla fue muy corta, baje del barco y me dirigí hacia la PNA para hacer el acta de salida correspondiente, dejando asentado el derrotero a utilizar para regresar a Tigre. Luego del tramiteo fui hasta el Comedor Solís donde estaban José y Marita los cuales recibieron muy cordialmente. Un ratito después de almorzar me paso a buscar el tractor, cargamos el kayak y lo llevamos hasta la orilla del rio donde tranquilamente lo estibe. Estaba ansioso pues esta seria mi primera remada en solitario regresando a Tigre desde un lugar lejano como lo es la isla Martin García. A las dos y media de la tarde y con vientos regulares del este me largue a cruzar el Canal Buenos Aires. Al momento de comenzar a remar me sentí como en total libertad y atravesar el canal con oleaje me dio una desbordante felicidad.
Solo éramos el rio, el viento y yo. Al ver buen nivel de agua decidi bajar por la parte sur de la extensa Isla Oyarbide ahorrándome así la remontada hasta el Canal Lancha Petrel. Continué remando bajando entre los numerosos juncales que allí existen. El viento lo tenia bien de jeta y la proa del franki no paraba de pinchar las espumosas olas. Para sortear un poco la corriente en contra me arrime al juncal remando pegado a la orilla. Al escuchar mi sigiloso paso una bandada de aves comenzó a emitir sonidos de alerta y todas se echaron a volar. Para ellas era como un intruso que invadía su vigilado territorio.
Cuando termine de pasar los últimos islotes empiezo a divisar la ciudad de Bueno Aires y sus altos edificios, vire a estribor y puse rumbo a Punta Moran. El derrotero que había planeado era ingresar a los Bajos del Temor, tomar el Canal del Sueco hasta cruzar el Paraná de las Palmas, pero cambie totalmente de planes y decidí remar por afuera bordeando la isla Zarate. Todavía con rumbo a Punta Moran la remada se me hizo muy entretenida ya que me dedique a jugar y surfear las olas. Así llegue hasta los palos que indican el camino al Paraná y continúe remando siguiendo su ruta.
Nuevamente vuelvo a virar y apunte hacia la ciudad, la cual se agrandaba a medida que avanzaba. Las olas pegaban de través pero en ningún momento me dificultaron la navegación. El cielo se encontraba parcialmente nublado y el sol se asomaba tímidamente. Creo que mi mente solo se dedico a disfrutar del entorno que me rodeaba.
A las 18:30 llegue a la Isla Zarate donde decidí bajar por unos instantes. Al parar de remar comencé a sentir un poco de frio debido a que el sol había bajado y el viento no paraba de soplar. Estire las piernas, me abrigue, hable por teléfono y comí un alfajor.
Saque de la bolsa estanca los destelladores pues en una hora me quedaría sin luz y todavía me encontraba a diez kms de la costa de San Isidro. Entrar al rio estuvo complicado ya que las olas no paraban de romper. Una de ellas dio de lleno en el cockpit y lo inundo bastante, lo vacié, me acomode de otra manera y logre volver a remar.
Lentamente empezó a atardecer, el horizonte era una mezcla de colores celestes y grisáceos y el sol escondido entre las nubes tiño las aguas de color plata. Fue entrando la noche y de a poquito comenzó a encenderse la ciudad, miles y miles de luces que dieron vida a la querida Buenos Aires. A mi espaldas reinaban las penumbras. Fue un momento mágico que jamás voy a olvidar. A las ocho y cuarto entre al rio Lujan donde por fin logre refugiarme del viento.
Estaba muy cansado y con sueño pero me faltaban pocos kms para terminar de remar. Junte mis ultimas fuerzas, remonte lentamente el Lujan y el rio Sarmiento y las nueve y media de la noche arribe al recreo Parque Lyfe. Estaba emocionado y contento por haber realizado esta larga remada en solitario, donde me sentí muy seguro de mi mismo y de donde disfrute al máximo de la grandeza del Rio de la Plata y de mi absoluta soledad.
miércoles, 12 de marzo de 2008
Fin de año en la Isla Martin García.
Por Lucas Sosa
La banda kayakera se junto una vez mas para despedir el 2007, y
que mejor manera de hacerlo que remando y disfrutando de un día
a puro rio y sol. El punto de encuentro fue en el recreo el Toro
sobre las márgenes del rio Capitán. El grupo de amigos éramos
Alfred, Hernán, Gaby, Moni, Laura Nicastro, Vane, Dani y su
esposa Laura, mi amigo el loco Leandro, Eloy amigo de travesía,
Juan, Iron, Guiyo, Eduardo, Marcos, Rafa y Gisela.
Como de costumbre el almuerzo fueron unas exquisitas
hamburguesas y algunos chorizitos, el parrillero Daniel, que
grande amigo salieron deliciosas. Todo esto acompañada con
cervezas y gaseosas. La mesa estuvo compartida por mucha charla,
chistes y anécdotas de las travesías que tuvimos el gusto de
compartir con varios de los chicos del grupo, no parábamos de
reírnos.
Luego de almorzar, nos dirigimos hacia la playita, la tarde
estaba muy calurosa y enseguida nos tiramos al agua para
refrescarnos y jugar un rato como chicos . Después del chapuzón
comenzamos con la ronda de mates, galletitas, bombones de
enamorado y un budincito que había traído Laura. Entre mate y
mate llego la hora del brindis, levantamos las copas y brindamos
para despedir un formidable 2007 y esperar por un prospero año
2008, repleto de trabajo, salud y futuras travesías, SALUD!!!
Pero para Eloy y para mi los festejos no terminaban allí,
después de despedir a nuestros amigos, nos subimos a los kayaks
y pusimos rumbo hacia la Isla Martin García donde pasaríamos los
últimos dos días del año y celebraríamos el nuevo año de manera
totalmente diferente.
A las cinco de la tarde, con el sol todavía bien alto empezamos
a remontar el rio Capitan, con gusto podíamos observar como la
gente disfrutaba del agua fresca que seguramente aliviaba tanto
calor.
Después de una hora de remada cruzamos el Paraná de las Palmas,
hacia rato que no navegaba por el y me dio mucha satisfacción
surcar sobre sus caudalosas aguas. Echo el cruce ingresamos al
rio capitancito, seguimos por el aguaje del Durazno y a las ocho
en punto de la noche remontamos el interminable arroyo Chana.
Con la oscuridad presente remamos bajo un manto de incontables
estrellas que junto a las luciérnagas que allí brillaban nos
iluminaron el camino.
A las nueve cuarenta desembocamos en el Paraná Mini, nos
dirigimos hacia Toledo pero al no haber nadie y no tener
respuesta a nuestros llamados decidimos parar en el ya conocido
Club Motonáutico. Luego de un refrescante baño y de cenar
hamburguesas que nos habían sobrado del mediodía nos fuimos a
dormir.
El domingo amaneció con el sol resplandeciente, el cielo
despejado anunciaba que tendríamos una jornada con mucho calor.
Tranquilamente desayunamos y a las nueve y media de la mañana
comenzamos a bajar las aguas del Mini. A esa hora el sol ya
pegaba duro, esto nos obligaba a mojarnos constantemente y a
hidratarnos todo el tiempo. Luego de una hora de remada llegamos
al Rio de la Plata viramos a babor y comenzamos a remontar los
Pozos del Barca.
Remamos un buen trecho sobre una zona de bancos donde navegar se
complicaba bastante debido a la escasez de agua. A medida que
avanzábamos encontramos un poco mas de profundidad y comenzamos
a cruzar hacia la inmensa isla Oyarbide. Soplaba una leve brisa
del noreste que daba tregua a tanta temperatura que veníamos
bancando.
Al mediodía alcanzamos el canal Lancha Petrel, ingresamos por el
y salimos al Canal Buenos Aires. Allí antes de cruzar bajamos en
la orilla de la Oyarbide y nos dimos un buen chapuzón para
mitigar los sofocantes 30 grados que nos acompañaban en esta
remada.
Embarcamos nuevamente a los frankys y empezamos con el cruce del
canal Buenos Aires que debido, a que el viento había dejado de
soplar, era lo más parecido a una pileta de natación. A las
13:30 hs de la tarde y luego de cuatro horas de remada arribamos
a la Isla Martin García.
Enseguida llevamos los kayaks hasta la callecita principal donde
merodeaban algunos turistas que visitaban la isla y miraban con
curiosidad a los recién llegados. Agobiados y con hambre nos
dirigimos hacia el pequeño kiosco para almorzar y beber algo ,
pero como ya era la hora de la siesta este se hallaba cerrado.
Finalmente ingresamos a la hostería donde pudimos disfrutar de
dos sándwiches de salame y queso con gaseosa fría y un agradable
ambiente fresco que invitaba a quedarse en el.
Luego de comer nos dirigimos hacia los kayaks, nos tiramos un
rato con intenciones de dormir la siesta, pero el insoportable
calor y el escandaloso ruido de las cotorras lo tornaban
imposible.
No nos quedo otra opción que levantarnos para preparar los
bártulos y llevarlos hasta el camping, por suerte antes de
llevar todo a mano, nos dimos una vuelta por el comedor Solís
donde sus dueños José y Marita nos recibieron muy cordialmente y
nos felicitaron una carretilla para trasladar todo. Una vez
instalados y armado el campamento llego el tan esperado momento,
nos zambullimos de cabeza en la pileta que existe en el parque
del Comedor Solis y que tan amablemente nos habían dejado usar.
Un merecedor premio para dos kayakistas que tanto se habían
esforzado para llegar a la isla.
Estuvimos como dos horas en el agua disfrutando y charlando de
todo un poco por supuesto que el tema más hablado fue sobre
kayakismo
Salimos de la pile y nos sentamos a tomar algo fresco y
nuevamente nos comimos unos ricos sándwiches de salame y queso,
tanta pesadez no habría el apetito para nada. Era maravilloso
poder ver tantas aves que volaban y aterrizaban en busca de
restos de comida, se notaba que era verano, la última vez que
habíamos visitado la isla había sido en otoño.
Otro de los habitantes que viven en este lugar y que había en
abundancia, son mariposas de todo tipo y color, pero la que mas
llamaba la atención es una mariposa denominada 88, llamada asi
por que en cada una de sus alas posee el numero 88. Solo se la
puede encontrar en el Parque Nacional Iguazú y en la Isla Martin
García ya que en esta se encuentra el último coletazo de la
selva misionera.
Bien entrada la tarde nos dirigimos hacia el muelle, no se
podía creer ver el canal Buenos Aires con tanta quietud, era un
espejo de agua. Aquí compartimos charla y mates con dos chicas
que habían llegado desde Bueno Aires en avión y nos contaron que
era la primera vez que visitaban la isla. Junto a ellas
observamos como el anaranjado sol, con lentitud, se fue
ocultando en el horizonte.
Cayó la noche pero la temperatura seguía siendo la misma, no
corría una gota de aire. En el camping encendí fuego para
cocinar chorizos y también me termine cocinando yo, Eloy fue
mas practico comió fideos que hirvió en cuestión de minutos.
Como en toda travesía el cansancio se hizo presente y nos fuimos
a dormir.
El 31 de diciembre, ultimo día del año, me levante como a las
diez de la mañana, una hora mas tarde lo hizo Eloy y desayunamos
junto al trinar de los pájaros. Como ya conocíamos la isla y el
calor no permitía hacer nada, nos limitamos a movernos solo por
los alrededores. Luego de desayunar nos fuimos hasta el muelle
y nos encontramos a José que, venia en gomon,desde el rio
Barquita trayendo a sus hijas Al único sitio que quisimos llegar
y sin éxito fue al arenal, caminamos un tramo por la pista, fue
como caminar adentro de un horno, pero no pudimos acceder a el
ya que la selva se cierra abruptamente.
Sin hallar el bendito médano, pegamos la vuelta hacia el camping
y otra vez nos acercamos a la refrescante y salvadora pileta,
ahí nos quedamos un buen rato tratando de mitigar la alta
temperatura que hacia. Llego la hora de almorzar y nos
deleitamos con unos sabrosísimos vacipan, estaban buenísimos.
Luego de dormir una horita la siesta, subimos a los kayaks para
realizar la circunnavegación de la isla pero al llegar a la
renombrada isla uruguaya Timoteo Dominguez cambiamos
automáticamente de idea. Cuando nos acercamos a su espectacular
playa de limpias arenas, divisamos un kayak blanco, era
Nolberto, kayakista solitario, que allí se había instalado.
Enseguida bajamos y lo saludamos cordialmente, no podía creer
que nosotros estuviéramos ahí.
Con Eloy no parábamos de admirar la belleza de la pequeña isla,
era un paraíso en medio del Rio de la Plata, arena por doquier,
aguas límpidas, varios pinos y arboles que brindan abundante
sombra para instalar un campamento. Pero por sobre todas las
cosas y lo mas importante la paz absoluta.
Había escuchado de boca de muchos kayakistas conocidos, que el
lugar era increíble, pero tuve que verlo con mis propios ojos
para creerlo. Aquí pasamos toda la tarde, charlando, mateando,
disfrutando del rio y también haciendo un poco de clínica de
rol. Eloy se encargo de darle un par de clases a Nolberto.
Pasaron las horas y no nos queríamos ir, después de otra ronda
de mates y de otro alucinante crepúsculo, nos despedimos de
Nolber y retornamos hacia Martin García. Eran las 9 y media de
la noche día y nosotros, a dos horas y media del fin del 2007
estábamos remando sobre un Rio de la Plata que era un espejo,
tanta era su quietud que observando el horizonte parecía ser que
remábamos hacia el limbo.
En media hora arribamos a la isla, nos pegamos un baño y fuimos
hacia el comedor Solís a cenar y despedir el año. Nos deleitamos
con unos exquisitos sorrentinos y de postre ensalada de fruta.
Llego la hora de brindar, levantamos las copas y FELIZ AÑO 2008
para todos. Un abrazo con Eloy, saludos con la gente de la isla
y un par de cañitas voladoras salieron despedidas hacia las
alturas.
Terminados los saludos disparamos para el muelle, no queríamos
perdernos el espectáculo de fuegos artificiales de la ciudad de
Buenos Aires. Era asombroso y emocionante observar como el cielo
se iluminaba, parecían relámpagos de tormenta. En ese momento
pasaron mil cosas por mi cabeza.
A las dos de la madrugada a descansar, al siguiente día nos
esperaba el largo regreso a Tigre.
Primero de enero de 2008, primer día del año, nos despertamos a
las siete de la mañana, que pachorra y eso que no habíamos
tomado nada. Luego de un exquisito capuchino instantáneo
acompañado con galletas dulces levantamos campamento. En dos
viajes llevamos todo el bartulaje hasta la costa, estibamos los
kayaks, presentamos derrotero en prefectura y a las nueve y
media de la mañana comenzamos a remar.
Sobre el Rio de la Plata soplaba viento leve del sector
noreste, el cual provocaba una suave marejada que hacia
llevadera la remada. Cruzamos el Canal Buenos Aires, pero en vez
de remontarlo lo bajamos pasando por la punta sur de la isla
Oyarbide y así ahorrarnos un par de kilómetros. Avanzábamos
sobre una zona de juncales e islas en formación, donde pude
disfrutar del sonido del viento, del agua y de los cisnes de
cuello negro que gritaban al notar mi cercana presencia.
Ibamos bien hasta que el viento aumento su intensidad y paso del
sector noreste al sudoeste. El oleaje se incremento y las olas
empezaron a romper sobre la proa. Las islas que veíamos sobre el
horizonte quedaron tapadas de polvo y apenas las divisábamos.
Cuando vi que las nubes habían tomado forma de cigarro, le dije
a Eloy me parece que es un pampero. Sin dudarlo remamos con
fuerza hasta la costa, y nos refugiamos en una isla en las
cercanías de Punta Moran. Menos mal que este pamperito no paso a
mayores ya que nos encontrábamos a un par de kilómetros de
tierra y no hubiera sido nada agradable volcar en esa situación.
Nos quedamos allí casi una hora aprovechando para descansar y
dormir. Estábamos solos, en medio de la naturaleza, escuchando
el rugido y mecer de los arboles que eran castigados por el
fuerte viento.
Pasaron alrededor de 40 minutos y decidimos salir a remar otra
vez. El incesante viento ya era del sudeste y parecía no
aflojar. Mi idea era ir directamente hacia la isla Zarate para
acortar camino, pero Eloy de buena manera me hizo entender que
remar por el medio del Rio de la Plata con viento en contra no
tenia sentido. Además de correr riesgo de vuelco era un desgaste
físico inútil, finalmente desistí (cabeza dura la mía).
Así dejamos por estribor Punta Moran e ingresamos a los Bajos
del Temor. Las olas golpeaban de babor y nos arrojaban hacia el
juncal, aquí puedo destacar las excelentes virtudes de
navegabilidad que posee el Franki en condiciones de oleaje. Su
popa con forma de quilla hace que la embarcación mantenga el
rumbo constantemente y evita que los que remamos sin timón
estemos corrigiendo la embarcación todo el tiempo.
Pasamos la desembocadura del Diablo hasta que llegamos a la ruta
de los palos y nos adentramos al Canal del Sueco. Desde lejos
veíamos los corderitos que se formaban en el Paraná de las
Palmas, dijimos los dos parece que va estar movidito.
Llegamos a este y las olas era bastante grandecitas pero
controlables, el viento castigaba con todo, parecía a propósito,
cada vez que volvemos de algún lugar lejano a este le gusta
aparecer para complicarnos la vida.
Para cruzar, primero dimos paso a una enorme embarcación que
venia por el canal, lo ancho del rio y el oleaje que había no
nos hubiera dado tiempo de ganarle. Cuando pasa veo en su popa
el nombre, se llamaba Estrella del Plata, todo una celebridad.
Finalmente cruzamos, ingresamos al arroyo Hambrientos, salimos
al Canal Honda y a las tres de la tarde arribamos al Fondeadero
para almorzar y descansar un poco. Como de costumbre llegaron
los molestos Jet Sky para irrumpir la paz del lugar. Además de
insoportables cada vez que cargan sus naves derraman
combustibles y aceite sobre la playa. Una cagada.
Ya faltaba poco para llegar a destino así que las cuatro de la
tarde bajamos por el pintoresco arroyo Arroyón, donde nos
refugiamos del viento y remamos bajo un adorable sol veraniego.
Continuamos por el arroyo Dorado, luego tomamos el rio San
Antonio e ingresamos al rio Sarmiento el cual estaba transitado
por una gran cantidad de lanchas colectivas. Nuestra destino
final fue el recreo Parque Lyfe, aquí bajamos entre una multitud
de personas que disfrutaban del sol y de la playa. Al ser
feriado nuestro Club Hispano cerro sus puertas obligándonos a
dejar los kayaks en el parque y terminar la travesía en lancha
colectiva. Que raro que nos sentíamos retornando a Tigre en
lancha, entre un montón de gente, como unos mas de ellos, que ni
siquiera imaginaban lo que habíamos vivido durante este fin de
año, sin dudas un fin de año distinto y especial.