martes, 3 de junio de 2008

Veranito de otoño en el Paraná

Que la Navarra, que el Mini, que esto que lo otro y finalmente después de una semana de tantas vueltas terminamos acampando en la Navarra, un tranquilo recreo situado a orillas del canal de la Serna y arroyo el Durazno. La convocatoria resulto muy buena ya que el grupo lo conformamos trece puros kayakistas (tengo mis dudas sobre uno de ellos), un remero de bote, dos sacrificadísimas remeras y hasta un amigo canino. Entre los kayeros se encontraban Carlitos (Hipi), Capurro, Jorge, Raulito, Leandro, Eloy (Bencina), Pablo Rosario, Pablo Banchero, Guadalupe, Mariano y su esposa. Del lado de los remeros de bote, Adrian, Anita, Guiyo (que haces timoneando un boteee!!) Jime y su perro Simba. Cada grupo salió en diferentes horarios y tomaron por distintos caminos. Al fin llego el sábado, ya no veíamos la hora de rajar y de escaparnos de la cuidad para buscar un poco de verde. Estibamos los kayaks y a las diez y media junto a Leandro, Eloy y Guada, comenzamos a remar. La mañana otoñal nos recibió con una agradable temperatura, algunas nubes cubrían el cielo y el sol asomaba de a ratos. Cruzamos el Lujan e ingresamos al Gambado, donde navegaban algunos botes de madera. Salimos al rio Sarmiento, el cual bajaba notablemente debido al viento norte que estaba soplando. Hicimos una paradita en el recreo Parque Lyfe (no por cansancio che) si no para buscar mi carpa y mi bolsa de dormir que allí habían quedado desde el verano. El naranja y marrón coloreaban todo y el piso era un confortable y cálido colchón de hojas. Todo esto parecía una hermosa postal otoñal. Continuamos viaje por el Sarmiento hasta que llegamos a la zona del Tres Bocas y tuvimos un imprevisto. La ola que genero una lancha colectiva, me levanto y me tiro contra el kayak de Guada que estaba al lado mío. Ella se quiso agarrar de la proa para no golpearse pero inevitablemente perdió el equilibrio y volcó. Pero no paso nada, con Eloy la ayudamos, acercamos el kayak al muelle, lo vaciamos y Guada subió al toque. La próxima te pasamos el shampoo!!Perdoooon Guada!! Después de bucear un rato jeje, remontamos un par de kms el río Capitán hasta que ingresamos al arroyo Toro. Aquí comenzamos realmente a disfrutar de la remada. Solo el paso de algunas lanchas irrumpían las quietas aguas. Sobre la orilla izquierda los vestigios de una destruida casa dejaban ver el paso del tiempo y los años de abandono. Los aromas se tornaron exquisitos y los sonidos mas perceptibles. Continuamos remando e ingresamos al sinuoso pero bellísimo arroyo Antequera. Cada curva nos mostraba algo diferente, colores, arboledas mecidas por el viento, hojas que lentamente caían al agua y bonitas casas de fin de semana. Charlábamos de lo fabuloso que seria poder tener un pequeño rancho, uno sencillo con salamandra para el invierno y un buen deck para desayunar en el verano. Luego de una paradita técnica en Pericos y después de tres horas de remo el Antequera nos abrió paso a una de las vistas más espectaculares: el ancho e imponente Paraná de las Palmas. Lo observe y sentí con ganas, me transmitió paz y a los demas también. Bajamos a almorzar sobre una playita que ya nombramos de nuestra propiedad. Que buen lugar, arena, un quincho que le falta medio techo pero que da sombra y por supuesto el río a nuestros pies. Eran como las dos de la tarde y el sol apareció para darnos ese calorcito que invita a dormir una buena siesta. Eloy se cocino unos fideos con su calentador de alcohol al estilo Shackleton , Lea y yo sándwiches y Guada nos cebo unos mates riquísimos. No nos daban ganas de movernos, estábamos muy relajados este sitio es un placer. Después de descansar cruzamos el Paraná, estaba manso y no tuvimos inconveniente alguno. Tomamos el arroyo Paycarabi donde la tibia brisa de otoño nos acaricio el rostro de manera confortable. Paleamos varios metros por aquí hasta que viramos a la izquierda para ingresar al arroyo Durazno. Este trayecto estuvo acompañado por el inconfundible canto de las pavas de monte que dos o tres veces cruzaron de una orilla a la otra. Pero lo que mas capto nuestra atención fue un hermoso Martín Pescador que estaba posado sobre una rama con su largo pico y su colorido plumaje. Apenas nos vio, el muy cauteloso se echo a volar. Sin darnos cuenta llegamos a la Navarra donde ya habían llegado algunos amigos kayakeros. Armamos las carpas, nos instalamos cómodamente y enseguida vinieron los merecidos mates con bizcochitos, que buenos que estaban. Ya de noche cruzamos el canal de la Serna para hacer unas compras de provisiones, todo estaba iluminado por la blanquecina luz de la luna. Todo parecía color plateado y era mágico. Con Guada armamos las cañas y nos pusimos a pescar, el río estaba increíble, justo cuando hacemos el primer tiro cayeron dos botes de madera y en uno de ellos venia Guiyo haciendo de timonel, como lo gastamos. Varios del grupo se fueron a cenar las milanesas del señor Miyagui mientras que el resto encendimos un fueguito y tiramos algo de carne a la parrilla. Luego de cenar vinieron las anécdotas de travesías, había uno que no paraba de hablar (no se quien será), charlas sobre calentadores jajajaja y de los mas diversos temas. Por supuesto que todo esto acompañado de mate, vino tinto y chocolates. Algunos se fueron a roncar temprano, los últimos como a las dos de la madrugada.Amanece en la Navarra, el cielo esta nublado pero hace poco frío. Salgo de la carpa y el aire fresco y puro me da fuerzas para arrancar el día. Salude a uno x uno, algunos hacia rato que andaban despiertos. Todos nos fuimos a tomar mate al lado del río, la mañana estaba bárbara y cuando salió el sol mucho mejor. Seguí intentando pescar pero no agarre nada, Guada me gano por un bagrecito. Con tranquilidad fuimos levantando campamento y a las once y media emprendimos el regreso. El sol pegaba tan bien que pudimos remar sin remera. En caravana fuimos bajando por el Paraná, la deriva nos llevo lentamente. Sacamos fotos, comimos algunas naranjas y lo seguíamos gastando a Guiyo. No perdimos ni un instante de disfrutar el veraniego día que nos estaba tocando. Continuamos bajando hasta que nos mandamos por el río Capitán. En menos de una hora arribamos a Pehuén donde bajamos a almorzar. Ahí estuvimos un buen rato, nos deleitamos con unas sabrosas pizzas y de postre dulce de batata con queso, hacia mil años que no probaba tan buen dulce (que ídola a la que se le ocurrió comprar ese postre). Después de la panzada continuamos viaje hacia Tigre. Remamos un par de kms mas por el Capitán, tomamos el Rama Negra, el Gaviotas que con su belleza no deja de deslumbrarnos y donde Pablo quedo incrustado en un cañaveral. Seguimos por el Espera y entramos al Sarmiento donde después de correr un catamarán me di un lindo chapuzón, menos mal que no hacia frío. El ultimo tramo lo hicimos por el arroyo Gambado hasta que en el río Lujan nos despedimos. Ya caía la tarde, la rampa del Hispano estaba invadida de botes y kayaks y mientras las primeras luces de la costanera se encendían el veranito de otoño iba llegando a su fin.

por Lucas Sosa

martes, 20 de mayo de 2008

No al Tren Bala

Hola, ¿Viste este sitio?
Yo acabo de participar. Se trata de una campaña cuyo objetivo es la recontrucción del sistema ferroviario nacional y estatal para todos y la anulación del proyecto del TREN BALA.Necesitamos tu apoyo, participá con tu firma ONLINE!!!

jueves, 3 de abril de 2008

Solitario desde Martín García

(por Lucas Sosa)

El motivo de este regreso en solitario surgió por un pequeño problema grupal que tuve en el Encuentro de Kayakistas que se desarrollo en la Isla Martin Garcia en el mes de marzo. No viene al caso contárselos por que la verdad que se aburrirían demasiado. El tema es que por este inconveniente regrese en un bote doble y mi querido kayak tuvo que quedar en la isla.
El viaje comenzó el sábado 29 a las ocho de la mañana en la Estación Fluvial Internacional de Cacciola, donde junto a los turistas espere media horita para embarcarme en el catamarán Fragata Hércules. Ese catamarán que tantas veces había visto amarrado en la isla ahora me llevaría hacia ella. Dentro de la embarcación el ambiente era muy agradable, la gente ingresaba y se acomodaba a donde mas le gustaba, sacaban fotografías y tomaban mate. El exquisito aroma a café inundaba el amplio salón dando un toque especial a la cálida mañana otoñal. A las nueve en punto se sueltan las amarras y la gente muy contenta se puso a aplaudir.
El catamarán comenzo a surcar las aguas del Lujan y la guía turística relato sobre la historia del tigre y el delta. Entramos al canal Vinculación, en ese momento estoy adentro, compartiendo la mesa con un grupo de navegantes a vela. Al lado nuestro sobre otra mesa una computadora me dejaba observar hermosas fotos de la reserva natural de Martin García. Hablo con un biólogo y le pregunto sobre las fotografías, me cuenta que pertenecen a la futura pagina web de la reserva.
Instantes antes de llegar al Paraná de las Palmas subo a cubierta para disfrutar de todo su esplendor, la vista desde arriba me mostro un paisaje majestuoso. Me quedo un rato arriba donde el viento soplaba libremente y el tibio sol me relajaba el rostro. Vuelvo a ingresar al salón donde me senté cómodamente y dormí casi una hora. La voz de la guía que sonó por el parlante informando que estábamos muy prontos a llegar me despertó de mi corta siesta. Cuarenta minutos después exactamente al mediodía amarrábamos en la Isla Martin García.
Mi estadía en la isla fue muy corta, baje del barco y me dirigí hacia la PNA para hacer el acta de salida correspondiente, dejando asentado el derrotero a utilizar para regresar a Tigre. Luego del tramiteo fui hasta el Comedor Solís donde estaban José y Marita los cuales recibieron muy cordialmente. Un ratito después de almorzar me paso a buscar el tractor, cargamos el kayak y lo llevamos hasta la orilla del rio donde tranquilamente lo estibe. Estaba ansioso pues esta seria mi primera remada en solitario regresando a Tigre desde un lugar lejano como lo es la isla Martin García. A las dos y media de la tarde y con vientos regulares del este me largue a cruzar el Canal Buenos Aires. Al momento de comenzar a remar me sentí como en total libertad y atravesar el canal con oleaje me dio una desbordante felicidad.
Solo éramos el rio, el viento y yo. Al ver buen nivel de agua decidi bajar por la parte sur de la extensa Isla Oyarbide ahorrándome así la remontada hasta el Canal Lancha Petrel. Continué remando bajando entre los numerosos juncales que allí existen. El viento lo tenia bien de jeta y la proa del franki no paraba de pinchar las espumosas olas. Para sortear un poco la corriente en contra me arrime al juncal remando pegado a la orilla. Al escuchar mi sigiloso paso una bandada de aves comenzó a emitir sonidos de alerta y todas se echaron a volar. Para ellas era como un intruso que invadía su vigilado territorio.


Cuando termine de pasar los últimos islotes empiezo a divisar la ciudad de Bueno Aires y sus altos edificios, vire a estribor y puse rumbo a Punta Moran. El derrotero que había planeado era ingresar a los Bajos del Temor, tomar el Canal del Sueco hasta cruzar el Paraná de las Palmas, pero cambie totalmente de planes y decidí remar por afuera bordeando la isla Zarate. Todavía con rumbo a Punta Moran la remada se me hizo muy entretenida ya que me dedique a jugar y surfear las olas. Así llegue hasta los palos que indican el camino al Paraná y continúe remando siguiendo su ruta.
Nuevamente vuelvo a virar y apunte hacia la ciudad, la cual se agrandaba a medida que avanzaba. Las olas pegaban de través pero en ningún momento me dificultaron la navegación. El cielo se encontraba parcialmente nublado y el sol se asomaba tímidamente. Creo que mi mente solo se dedico a disfrutar del entorno que me rodeaba.
A las 18:30 llegue a la Isla Zarate donde decidí bajar por unos instantes. Al parar de remar comencé a sentir un poco de frio debido a que el sol había bajado y el viento no paraba de soplar. Estire las piernas, me abrigue, hable por teléfono y comí un alfajor.
Saque de la bolsa estanca los destelladores pues en una hora me quedaría sin luz y todavía me encontraba a diez kms de la costa de San Isidro. Entrar al rio estuvo complicado ya que las olas no paraban de romper. Una de ellas dio de lleno en el cockpit y lo inundo bastante, lo vacié, me acomode de otra manera y logre volver a remar.
Lentamente empezó a atardecer, el horizonte era una mezcla de colores celestes y grisáceos y el sol escondido entre las nubes tiño las aguas de color plata. Fue entrando la noche y de a poquito comenzó a encenderse la ciudad, miles y miles de luces que dieron vida a la querida Buenos Aires. A mi espaldas reinaban las penumbras. Fue un momento mágico que jamás voy a olvidar. A las ocho y cuarto entre al rio Lujan donde por fin logre refugiarme del viento.
Estaba muy cansado y con sueño pero me faltaban pocos kms para terminar de remar. Junte mis ultimas fuerzas, remonte lentamente el Lujan y el rio Sarmiento y las nueve y media de la noche arribe al recreo Parque Lyfe. Estaba emocionado y contento por haber realizado esta larga remada en solitario, donde me sentí muy seguro de mi mismo y de donde disfrute al máximo de la grandeza del Rio de la Plata y de mi absoluta soledad.

Fin